Adéntrate en el impactante cementerio de coches de Chernóbil

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El 26 de octubre de 1986, una estruendosa explosión sacudió a la por lo general apacible región ucraniana de Kiev. La central nuclear Vladímir Ilich Lenin de Chernóbil, que se encontraba efectuando un simulacro de alerta, sufrió un desproporcionado calentamiento en su reactor central que acabó estallando por la fuerte concentración de hidrógeno existente en su interior. En ese momento, pocos podían imaginar la magnitud del desastre que sucedería a continuación, en lo que acabó convirtiéndose en el mayor accidente nuclear de la historia. Ha sido mucho lo que se ha escrito sobre la tragedia pero hoy ponemos el acento sobre un testimonio impactante, el cementerio de coches abandonados de Chernóbil.

Todos tenemos en la retina las imágenes de una ciudad abandonada, de espacios y edificios públicos ennegreciéndose por momentos y de pequeños pueblos deshabitados y hoy devorados por la vegetación. Sin embargo, un interesante artículo publicado en Motorpasion.com (5 de octubre de 2015) puso el acento sobre el cementerio de vehículos de todo tipo que llevan casi treinta años esperando una solución con tenebrosa serenidad. Y es que, cuando la ciudad y los alrededores comenzaron a ser evacuados (cuando ya habían pasado varios días desde el accidente), miles de coches fueron abandonados a su suerte y apilados posteriormente en este fúnebre desguace.

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Coches de choque abandonados en Prípiat. Imagen con licencia Creative Commons.

El cementerio, que no se encuentra exactamente en Chernóbil ni en la limítrofe Prípiat sino en la más sureña Rassokha (también dentro del perímetro de exclusión), presenta un carácter temporal que ha sido claramente superado por la realidad. Los vehículos allí expuestos estuvieron sometidos a elevados niveles de radioactividad, a pesar de lo cual no fueron destruidos y el recinto está hoy delimitado por una densa masa forestal. Llama la atención que las máquinas han sido apiladas siguiendo un criterio de ordenación impecable, formando hileras totalmente rectas y agrupando a los vehículos en función de sus características (incluso manteniendo exactamente la misma posición).

Algunas de las piezas más notables de la colección son los numerosos vehículos militares, utilizados durante las labores de vigilancia más intensas y que estaban fabricados precisamente para ser inmunes a la radiación. Estos tanques anfibios protegieron a numerosos militares que custodiaron el recinto mientras los trabajadores levantaban el célebre sepulcro de cemento sobre el reactor principal de la planta. A la conclusión de las obras, fueron igualmente abandonados. En cualquier caso, los aparatos más fotografiados por los investigadores autorizados y contados aficionados que se han atrevido a adentrarse en la zona son los gigantescos helicópteros del Ejército Rojo, en los cuales viajaron los militares y expertos que participaron en los trabajos de contención. A todos ellos cabe añadir una interminable sucesión de grúas, camiones de bomberos y, cómo no, vehículos particulares.

Panorámica del cementerio de coches de Rassokha. Imagen extraída de Motorpasion.com.

Aunque el grueso de la población fue evacuada, un pequeño grupo de lugareños permaneció en sus hogares contraviniendo lo ordenado por el Kremlin. Una de las contadas ocupaciones que estos supervivientes desarrollaron fue la venta de partes de los vehículos del cementerio de Rassokha, lo que explica por qué muchos de ellos permanecen hoy con el capó abierto (no menos sorprendente resulta que a nadie se le haya ocurrido cerrarlos). No está nada claro cuáles son los niveles de radioactividad que todavía soportan las estructuras metálicas de los vehículos, si bien nadie espera que sean retirados y desmenuzados algún día. Más inquietante resulta pensar a dónde fueron a parar los componentes vendidos como chatarra

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