La refrescante historia del aire acondicionado en los coches

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Cosas curiosas Historia de la automoción

El verano todavía no se ha puesto excesivamente riguroso en lo que a las temperaturas se refiere pero subir al coche y poner en marcha el aire acondicionado sí que son ya una sola acción. Sin ningún género de dudas, el aire acondicionado es uno de los mayores hitos en la historia del confort automovilístico, por no decir el más destacado (junto a la radio, tal y como abordamos en un artículo anterior). Todos estamos sumamente agradecidos por esta tecnología pero quizá sus orígenes y evolución no sean tan conocidos. Hoy te explicamos cómo nació el aire acondicionado y cómo ha ido mejorando con el paso de los años.

La comodidad no era, ni lejanamente, la principal preocupación de los primeros ingenieros automovilísticos. El primer paso lógico tras el nacimiento de los vehículos particulares propulsados por un motor de combustión fue la preocupación por conseguir un funcionamiento más fluido. Evitar el sobrecalentamiento del motor era esencial y por ello en 1884 llegaron los primeros avances en este sentido con un rudimentario enfriamiento a base de hielo. Habría que esperar cerca de medio siglo desde la aparición de los primeros vehículos para que alguien pensara en dotarlos de una refrigeración apropiada para los pasajeros.

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Aire acondicionado tipo. Imagen con licencia Creative Commons.

En 1906, el ingeniero norteamericano Willis Haviland Carrier presentó una patente en el registro de Nueva York como embrionaria idea de lo que posteriormente sería el aire acondicionado. Inicialmente, la empresa de Carrier fabricó sistemas de refrigeración para edificios y estructuras de gran tamaño, dando el salto al terreno de la automoción en la década de 1930. En 1939, Packard Motors desarrolló esta idea y ofreció por vez primera a los compradores de automóviles la posibilidad de incluir un sistema de aire acondicionado por casi 300 dólares (una verdadera fortuna para la época). La exclusiva firma Cadillac le copió la idea poco después.

El gran despegue del aire acondicionado en los coches se vivió en la década de 1950, cuando Nash-Kelvinator se convirtió en el primer fabricante especializado en estos sistemas, suministrándolos a distintas marcas automovilísticas. Es en este momento cuando se instalan los primeros reguladores de la temperatura y el aire acondicionado comienza a ser incluido como elemento de serie en distintos modelos. Se calcula que algo más del 20% de la flota automovilística estadounidense ya incorporaba este sistema en 1960. La progresión fue meteórica y al final de la década siguiente más de la mitad de los coches norteamericanos disponían de refrigeración.

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Sistema de aire acondicionado con regulador térmico de gran precisión. Imagen con licencia Creative Commons.

En los ochenta, asistimos al desarrollo de los primeros dispositivos automáticos de control climático, toda una innovación en el terreno de la habitabilidad de los vehículos. Entretanto, el abaratamiento de estos sistemas ha sido una constante hasta el día de hoy, al tiempo que cada vez más líneas optaban por incorporarlo de serie. En 1992, se procedió a explorar otro ámbito hasta entonces bastante aparcado, el de la ecología y la limpieza del aire acondicionado. Y es que, además de refrescar había que garantizar la salud de quienes viajaban en el coche, algo que conseguía el sistema R-134a al no incorporar cloro ni ninguna otra sustancia química dañina. Sobre esta base se han cimentado los avances de los últimos años, entre los cuales la automatización completa de la climatización o la refrigeración personalizada (por asientos) son algunos de los más notables.

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